lunes, 4 de enero de 2010

Sueño del soldado.


Entre las cenizas de esa flama que incendio nuestro lazo y el viento frío que arraso esas cenizas; Hay un sueño.
Un sueño aún sin cumplir, un sueño que quiere brotar como una semilla.

Se le dijo adiós a todos, se despidió de su hogar.
Ese sueño era pelear, pelear por una nación.
Un país.

Estando allá, las horas se convertía en explosivos, los minutos en balas y los segundos en granadas.
Ese reloj de mi cocina no era el mismo de acá.
No todos volvían. La ley era quien aguantaba para volver.
Regresar a ese hogar cálido peleando no por libertad, sino peleando por el poder.

A todos nos engañan con el sueño americano de la libertad, pero la libertad se perdió hace mucho tiempo.

Y estando en el desierto, viendo a través de las nubes recordaba los tiempos que les decía adiós a mamá y adiós a papá.

Todas las noches aquí se siente un aire frío de noviembre, un frío de invierno; Se pierde ese amor tierno, se gana es frialdad.

No todos nos devolvemos con la cabeza cuerda.
Algunos pierden las tuercas.

Matar gente inocente, he aquí ese sueño tan preciado.

Las cenizas se ven después de la batalla y lo único que se puede hacer es ver a tus jefes contando la cantidad de cadáveres.

Somos tanques de guerra manejados a control remoto.

Noche tras noche las balas se meten a mi cerebro.
Este sueño me esta volviendo loco.


En algún lado en una esquina, el tirador descansa esta noche.
No sé puso quedar para la escena final y saco al fin su sueño.

By: Marco Mejía.

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