Mi mirada se desvanece con la niebla que pasa a mi alrededor, que pasa al frente mio.
No puedo sentir el aire puro que respiro, en esta habitación ya no hay aire, solo hay una ventana que me deja ver un pedazo de ese mundo del cual formamos parte. Un mundo cubierto de esperanza de que este sentimiento creciera mucho más, pero el destino hizo de la suyas, tú buscabas un destino y yo buscaba un camino, tú buscabas ciencia y yo en mi consciencia buscaba algo emocional.
Mi cama ha estado tan helada y tan fría que osos polares hay en ellas.
Hay un iceberg que ocupa la mitad de ella.
Ya no hay estrellas que brillen a mi habitación, solo hay un bombillo que ilumina la mitad de lo que soy.
Tanta soledad que mi vista se nubla cada día más, mis ojos desean verte una ves más.
Mi boca desea sentir tus labios cada mañana, cada noche para que vuelvan a calentarse.
Si para ir hacia ti tengo que cruzar el atlántico, el pacifico, yo lo hago pero además de eso sería capaz de robarte un beso escurridizo para saber en verdad la razón por la cual a mi Dios me hizo.
Yo comparto con mis ojos lo que los tuyos ven.
Y al final me reconozco en tu mirada.
Cuando marco los números en el teléfono para llegar hacia ti, una puerta imaginaria se cierra.
Tengo manchas de nicotina en mis dedos, y una barba que no crece más en mi cara.
Un piano gigante que quiere ser tocado otra ves por tus manos.
Tengo ganas de volar muy alto pero no sé a donde llegar.
Puedo sentir que unos de mis turnos ha llegado.
Yo me siento frío como una barra de acero en la nevera.
Yo me siento seco como batería de funeral.
Todo por la ausencia de tu presencia querida.
By: Marco Mejía.
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